lunes, 15 de mayo de 2017

Los gatos


-Los gatos-

La soledad de estar enfermo 
y no tener a quién mandar
a comprar galletitas. 
Salvo por la gatita.
Pero ya sabemos como son los gatos,
tienen la impericia de no ser capaces de ir a 
hacerte los mandados y el amor 
suficiente como para pasar la tarde
dormidos sobre uno, con su calor 
que cura y acompaña.
Con su motorcito que significa
que Dios no se olvida aún de uno,
y que está en todas partes.

Alex Galeaux 1973

domingo, 22 de febrero de 2015

El mar y el pasado (De los que ya no soy)

                                         -El mar y el pasado-




                                      El mar, como la muerte, avanzaba sobre Buenos Aires. La gente tenía sed. Algunos morían, riendo como locos (tal era la conmoción que los atacaba). Cuando conocí a Ofelia ella no sabía que me había enamorado de ella apenas la vi. Estaba sentado en la facultad, escribiendo un cuento, o una poesía (como siempre) y sentí que alguien me espiaba. Me hice el tonto. Después de un rato la miré. Los ojos de Ofelia eran como dos cielos, cómo te explico, era como mirar algo sobrenatural. No podía ser tan linda. Su pelo negro lleno de rulos y sus 19 años llenos de historias y de misterios de mujer. Odio la melancolía, ya lo sabés, odio quedar atrapado en los momentos, y poco a poco voy desechando todo lo del pasado, tal vez para que no me arrastre a esa tierra infértil y viciada, pantanosa, donde todo es gris, donde las canciones (y todas las cosas) nos hacen llorar.
                                      En esos días maravillosos (los días de Ofelia), el mar era solo una amenaza. Yo sabía y ella también, que no era bueno que el mar llegara a veces hasta la calle Corrientes. Cuantas veces nos íbamos en bote mirando las vidrieras con Ofelia. Una tarde una ola nos arrastró dos cuadras por Talcahuano. Pero a nadie parecía importarle. El agua extrañamente no entraba a los locales ni a las casas. Los científicos explicaban que era algo normal, por el “ph” del agua y no se que otra cosa de esas que dicen los científicos y uno tiene que aceptar sí o sí. Todo era absurdo.
                                      En la facultad era raro que leyéramos el material de sociología. Yo obviamente lo leía, porque leo todo, pero Ofelia estaba preocupada por asuntos más importantes. Me preocupaban los dibujos que hacía. Casas con ojos, y serpientes. Cosas raras. Tan enamorado estaba.
                                      Lo del mar sí que fue raro. Una tarde el agua se llevó a mi tío Alberto y ya no supimos más de él. Todo era muy raro. Ni los evangelistas decían nada del fin del mundo, del cagazo que teníamos todos. En la tele actualizaban las cifras de gente tragada por el mar. Decían que era gente mala, o que se habían dejado llevar, para escapar del mundo, de las cosas. Yo a veces creía eso también. Que la gente no se moría sino que se dejaba morir.
                                      La última vez que vi a Ofelia llevaba puestos esos jeans dos talles más chicos, y eso que era flaquita, qué fuerte estaba esa piba. Yo había escrito algo especial para ella. De esas cosas reveladoras que se escriben una o dos veces en la vida, y ya sé que en mi vida sólo una. Pero ese día Ofelia no fue a la facultad. Y nunca más fue. Se la llevó el mar.
                                      Lo que nunca entiendo es a dónde se lleva el mar a la gente. Porque no se ahogan. Yo vi llevarse a algunos. Se van contentos o asustados, pero en paz. Yo no pienso dejarme llevar. Te aviso para que vos tampoco dejes que te lleve. Aunque parezca lindo escapar del mundo y de las cosas. Es una mierda. El mundo es lo mejor. Por las cosas sobre todo. A ver… Por ejemplo la música. ¿Sabés si habrá música allá donde se lleva el mar a la gente? Y no me vengas con el canto de las ballenas ni nada de eso. Yo te hablo de Los Beatles, El Indio. ¿Y los libros? ¿Habrá libros? ¿Leerá Ofelia? Le gustaba tanto leer. Tal vez sea por eso y solo por eso que era tan hermosa. Como los tipos esos musculosos que son así de tanto ejercicio. Creo que los ojos de Ofelia eran así de tanto leer.
                                      Cómo ya sabés y te advertí, odio el pasado. Odio la melancolía. Así que esta es la última vez que hablo de Ofelia. No más búsquedas. No más poesías en su nombre. Adiós recuerdos. Porque el pasado está hecho de sombras que cuando se quieren tocar ya no están.
                                      “Y el mar te miente el engrupe de que si vos te dejás llevar vas a tener lo de antes (me decía un viejo un día que me perdí en Flores) pero es verso. Nadie tiene lo de antes nunca más. Y no te pasa a vos solo con Ofelia. Nos pasa a todos. Un día fui a La Boca a mirar el mar, para ver si era verdad lo que decían. Que si te dejás llevar podés volver a lo de antes. Y vi a mi novia. Y se me apareció una tabla flotando y una voz me dijo: sentate y vamos. Pero vi que era triste ser recuerdo. Era más triste ser recuerdo que ser el que recuerda, que ya es mucho.” Todo eso me contó el viejo aquel.
                                      Y por eso me olvido de Ofelia. Es decir elijo olvidarme de ella. Porque está hecha de arena, que es lo que queda cuando se va el mar. No vaya a ser que por seguir al agua termine en un desierto.
                                      El primero de agosto de 2006 el mar empezó a irse. Muchos se arrepentían de no haberse dejado llevar. Para no morir, solo irse. Ser recuerdo en la mente de algún poeta, de alguna madre, de alguna novia. Por eso estoy quemando esto que escribí  para Ofelia aquella vez. El mar sabe por que hace las cosas. Y yo (a veces) también.



                                                   Alejandro G. Vera

viernes, 13 de febrero de 2015

Historias inconexas para la sed de Keyla



Lo del tiempo y de la muerte se olvidó por un rato. Por un rato fueron ella y el cielo, libertad y suspiro. Ofelia camina descalza por la vereda, pidiendo monedas a la gente que pasa. Con la cara más feliz y los ojos más hermosos del mundo, no es difícil que le den unos pesos.
Un hombre, que vuelve del trabajo la ve de lejos. Este hombre, “X”, vive solo. A veces se olvida como hablar con la gente. No obstante, se acerca a Ofelia y balbucea unas palabras que la deslumbran, y Ofelia no es fácil de deslumbrar.
“Ser es ser percibido”, le dice “X”, que (por ya caerme más simpático) llamaremos Damián. Ofelia lo toma de la mano, y lee en las líneas que va escribiendo Dios en analogía con lo que nos ocurre, que Damián es el hombre de su vida.
“Sos hermosa”, le dice Damián, que se ruboriza, que es algo que nos pasa a los humanos cuando no respiramos por un instante (aclaro por si alguna entidad no-humana se encuentra leyendo). “No te merezco”, le dice Ofelia. “Soy poca cosa para vos”. Ofendido, Damián quita su mano de entre las suaves y delicadas manos de la gitana. “Por qué decís eso? No ves que me lastimás?”.
“No entiendo”, dice Ofelia y llora lágrimas dulces, como un oasis para los que se guardan las cosas.
“Que sos hermosa y listo. El mundo no es un laberinto”, le dice Damián, temblando.

Escena 3:
-Me gusta ver cómo crece el pasto…
-Es metira.
-Todo lo que digo te molesta.
-Casi todo.
-Pero me amás.
-Te amo?
-Sino no estarías acá…
-Supongo…

En el desierto:
“De mi sed se nutre tu venganza, sol certero y cálido. Segador y amigo nuestro. De tu luz beben los ángeles y yo, por no serlo, muero…” Últimas palabras de un hombre perdido en el desierto.

Escena 4:
-Qué pensás?
-Nada, siempre ustedes quieren saber qué pensamos.
-Ustedes quién? Qué?
-Vos y el gato.
-Cómo sabés del gato?
-No ves la cara que pone? No lo ves?

Principio:

Habla Damián: “Quisiera encontrarte, con ojos alegres en ninguna parte/ por ser solo esto, se llevan las horas de mi vida el resto./ No quiero más nada, solo una gitana y verla enamorada…”

Ofelia camina por las calles de Buenos Aires, Damián no levanta la vista, ella lo toma de la mano y sabe que es el final.

“Sos vos? Damián?”, dice Ofelia.

“De dónde nos conocemos?”, Damián.

“Alguna vez supe ser sed en tus labios, y vos susurraste mi nombre secreto a las estatuas del Parque Lezama. Alguna vez fui oasis, y jamás me encontraste. Soy cielo constelado para los ojos de un ciego?”, como recitando habla Ofelia, la gitana…

Escena 4:

-Te extraño.
-(nada).
-La extraño.
-(nada).

El tiempo nos devora, en historias de sed y de venganza. Los ojos que contemplan un cielo, jamás vuelven a verlo. Mirame bien Ofelia, no soy yo nunca más. Ahora, para siempre, no soy yo, ya soy otro…


                                               Alejandro G. Vera


domingo, 8 de febrero de 2015

Cap 8 "El amor-motor"

"Sobre Durmientes y Jugadores". Capítulo ocho


“El amor-motor.”




Desde una perspectiva optimista ingenua el amor parece ser
el motor de todas las acciones. Pero es erróneo tomar al amor
mediante una definición unidimensional que solo comprenda lo
grato y lo atinado. El amor como motor puede ser contemplado
desde la concepción de amor “pasional” en el caso de acciones
humanas. Ya sabemos que la palabra pasión proviene de la
palabra padecer. Este amor doliente fue por siglos la base de las
creencias religiosas. Dios vomita a los tibios de su boca, dice la
Biblia, el Dios cristiano es apasionado.
Pero ¿Sirve este paradigma de operatividad apasionada para
funcionar en el mundo real? La pasión como motor del mundo
parece acarrear tanto actos de arrojo como guerras, tanto besos
como puñetazos.
Es preferible concebir al amor como un motor de nuestras
acciones, solo en el caso de que se lo tome como una guía para ser
correctos, aunque lo correcto y lo eficiente no siempre van de la
mano.
Los durmientes perciben al amor como un destello del
despertar del alma, amar es muy parecido a despertar, y tal vez la
sensación sea la misma, pero está claro que el solo amar no
conlleva necesariamente al despertar del alma. El despertar es
saber, y el amor es seguridad.
El amor hace las veces de droga que recrea la seguridad de
que estamos ante la persona adorada, el dios perfecto, la poesía
más hermosa, etc. El verdadero despierto duda incluso del amor
en sí. Tomado como un estadío de pensamiento, el amor
desarrolla poderosas herramientas para actuar y operar en el
teatrum mundi. Hay madres que viven una vida entera de
sacrificios solo por amor a sus hijos. Soldados van a la guerra por
amor a la patria. El amor parece ser un buen motivo para realizar
acciones, pero es un desatino guiarse solo por este sentimiento,
sobre todo en el caso del amor pasional.

El amor-motor parece ser parte del auditorio, parecemos
creer que el auditorio realiza acciones por amor, y ya que hemos
llegado a la conclusión de que el auditorio es la otredad, parece
ser que los otros realizan sus acciones por amor, o todo lo
contrario. Esto nos remite a los pensamientos infantiles donde o
se ama o se odia, pero tal vez la experiencia fenoménica de
fracasar a cualquier escala esté más emparentada con el
desempeño operacional de una persona que con la respuesta
fenoménica del auditorio. No olvidemos que todo lo que
percibimos está iluminado por la luz de nuestra consciencia, el
mundo está hecho a nuestra medida, solo para complacernos, solo
para no despertar.

Alejandro G. Vera

Cap 7 “Cómo enfrentar al auditorio”

"Sobre Durmientes y Jugadores" Capítulo 7




“Cómo enfrentar al auditorio”.


“El auditorio percibe, él es ajeno a mi persona. Sé bien que
yo soy, porque pienso, como Descartes,
Pero sé también que el auditorio es. No se qué es, sólo sé que no
solo yo percibo, sino que también soy percibido.”
Este “Auditorio” parece ser la presencia del otro, vista de un
modo totalitario, los otros son el auditorio, los otros son el otro.
Pero esta creencia en la existencia de una otredad consciente
parece estar emparentada con el concepto de teatrum mundi;
Según esta filosofía los otros son parte del gran espectador. Pero
¿Será ese espectador el motor quieto, o tal vez un Dios dormido, o
un Buda despierto?
Es interesante observar como en esta teoría ego centrista de
la realidad aparece la necesidad de la presencia de otro que mira,
y la importancia que esto conlleva. Realizamos acciones porque
los otros observan. Ese fue el don del fruto del árbol de la ciencia
del bien y del mal, en la antigua historia bíblica, “Serán como
dioses”, dijo la serpiente y entonces Adán y Eva cubrieron sus
sexos. ¿Qué entraña este esconder lo sexual? Esta necesidad de
actuar para el otro no existía antes de que comieran el fruto;
comer el fruto creó la otredad y la noción de desnudez desarrolló
el primer rasgo teatral de aquellos seres: ya tenían vestuario.
El auditorio ve a través de los ojos del otro, que esconden el
gran misterio de cómo somos en realidad, ya que esta unidad
autónoma que es el cuerpo funciona como una consola interactiva
en primera persona, uno no puede apartarse de uno mismo para
percibirse. Nos conocemos a través del reflejo que nos devuelve
el otro, somos lo que el auditorio refleja.
Pero, tal vez esta imposibilidad de percibirnos sea lo que
Platón llamó la prisión del cuerpo. El hombre decide de que
disfrazar la prisión para transformarla en máscara, en persona. En
castellano antiguo prisión significaba cadena. Este esconder la
desnudez quizá sea un esconder las cadenas del ser. Todos
actuamos el papel de no-prisioneros, vergüenza de nuestras

cadenas-desnudez que ocultamos con ropas, de cualquier tipo.
Solo en ocasiones especiales decidimos mostrar nuestras
desnudeces. Los amantes se desnudan, los nudistas pretenden
transgredir la norma, pero solo logran agrandar su prisión,
muestran sus cadenas en lugares autorizados.
El auditorio parece ser la respuesta al misterio de la muerte.
Esta otredad que nos observa es tal vez un reflejo también, tal vez
creamos ser observados, sumidos en un autismo alucinatorio que
nos guía por senderos de sonambulismo. Es necesario definir el
concepto de auditorio una vez más.
El auditorio es la supuesta observación externa de
fenómenos reproducidos por nuestro cuerpo en interacción con
los demás seres, es parte de nuestro no-ser en función del ser del
otro.
¿Cómo se enfrenta esta visión del mundo donde todos son
uno separados de uno mismo? La respuesta es simple:
Actuando.
Este actuar nos permite experimentar con lo real, tal vez no sea
exitoso pero actúo como si lo fuera. Esto es aprendizaje simple.
Se experimenta siendo otras personas, aquí comienza el
simulacro. Ser en función de las circunstancias es actuar. Todo
Jugador debe saber actuar. Tal vez el lector no se imagine como
se logra esta capacidad actoral. Es simple, piense en situaciones
de su vida. ¿Es usted el mismo cuando habla con su jefe que
cuando bromea con sus amigos? ¿Entrar a un comercio y pedir
determinado producto mediante un diálogo prediseñado no es
actuar?
Solo existe una forma de enfrentar al auditorio y es
actuando.


Alejandro G. Vera

sábado, 7 de febrero de 2015

Capítulo 6 "El auditorio"

"Sobre Durmientes y Jugadores "Capítulo seis




“El auditorio”.


El tópico de teatrum mundi se refiere a la concepción del
mundo como un teatro. La palabra “persona” antiguamente
denominaba a los personajes de un teatro. “Persona” significa
máscara. Cada uno elige que tipo de persona quiere ser, pero es
obvio que en la mayoría de los casos uno es instado a ser cierto
tipo de persona. El entorno nos condiciona, a veces el maltrato
genera resentimiento, y elegimos ser una persona, cruel, o tal vez
todo lo contrario. Tal vez un niño consentido se convierta en un
adulto fracasado, tal vez en un hombre agradecido y exitoso. Es
entonces que reaparece el concepto de causalidad fortuita. Todo
es producto del condicionamiento, para bien o para mal, estoy
totalmente en contra de esta teoría, creo que uno elige su persona,
uno la crea en base a las conclusiones a las que llega mediante el
análisis de lo real. Tal vez un niño maltratado se convierta en un
hombre cruel porque piensa que de otro modo será vulnerable. Es
en sí, una estrategia.
El concebir al mundo como un teatro nos lleva a pensar en
quién nos observa. Yo llamo a esta entidad sensible “El
auditorio”. Se desconoce que es el auditorio, aunque sea
nombrado por todas las religiones y creencias. El auditorio juzga
nuestras acciones. El auditorio es Dios. Pero no un dios creador,
sino un dios observador, catalogador. No es quien programa. Ni
es “el” programa. Como seres sociales, realizamos nuestras
acciones para un público implícito. Nuestra mente piensa
palabras, hablamos con alguien todo el tiempo, en teatro esto se
llama soliloquio. Quién no ha sentido alguna vez la mirada del
auditorio. Quién no ha fantaseado con un accidente, una tragedia,
el suicidio, etc. Sólo para agradar o desagradar al auditorio.
Recuerdo una anécdota muy interesante, relacionada con el
auditorio. Caminaba yo con la que en momentos pasaría a ser mi
ex novia. Íbamos discutiendo por cuestiones de celos de su parte
hacia una de mis mejores amigas. Yo no podía dejar de sonreír.

“¿De qué te reís?” me gritó. No supe que decirle, le di un beso y
cambié mi rumbo para caminar por una calle paralela. Al transitar
por esa calle no podía dejar de reírme, era tan graciosa aquella
escena. Me sentía dentro de un teatro y yo era el actor principal.
Tal vez el auditorio sea una especie de súper consciencia, un
observador inerte. La mirada sin los ojos. El accidente sin la
sustancia. En este teatro que es el mundo hay Jugadores-actores
(PLAYERS), pero también hay personas que desconocen el
concepto de teatrum mundi; estos son los durmientes
(SLEEPERS). Los PLAYERS al igual que los SLEEPERS,
desconocen por qué están en el mundo, pero a diferencia de los
últimos saben bien que están en él.
El auditorio mira a través de nuestros ojos, y si lo
permitimos, comanda nuestras acciones. Esto sucede cuando
somos objeto de las circunstancias y no agentes creadores de
realidades.

Alejandro G. Vera

Cap 5 "Lo fenoménico vs. Lo no-consciente"

"Sobre Durmientes y Jugadores"


                                                        

Capítulo cinco

“Lo fenoménico vs. Lo no-consciente”.


Es menester precisar aun más el concepto de fenómeno, con
el fin de utilizarlo en contraste con lo no-consciente. Cómo se
percibe lo no latente y en qué grado es real lo no cognoscible.
Llámese fenómeno a todo acontecimiento percibido por los
sentidos en un contexto de realidad, siendo real el mundo de lo
percibido basado en los paradigmas sociales y culturales; sub-real
la realidad onírica y superreal todo universo desconocido y que no
se pueda expresar mediante símbolos. Llámese meta-real al
compendio de ideas y conceptos usados para analizar lo real y
para operar en las tres categorías de realidad antes nombradas.
La pregunta motor de este capítulo es la siguiente: ¿En que
grado es real lo no-consciente?
El paradigma que yo utilizo para crear mi mapa de lo real es
altamente egocéntrico. Sé que no existe forma alguna de no existir
Yo en tanto unidad operativa, ya sea mediante la mente, la nomente
e incluso la no existencia, propongo como axioma la
siguiente premisa:
“Yo en tanto unidad operativa, soy el centro de mi universo, y el
único indicio de realidad que conozco, siendo imposible ser
expulsado del universo sin la propia destrucción del mismo;
donde yo esté estará mi universo y yo, y solo yo soy artífice de mi
realidad fenoménica.”
Dado este axioma lo no-consciente no tiene lugar en mi
mapa de lo real, y esto lleva a pensar que los acontecimientos
percibidos como fenómenos, que aparentan ser consecuencias de
previos acontecimientos, se suceden de modo caótico, y es mi
mente la que crea estrategias cognoscitivas para predecir futuros
fenómenos y así ser operativo con respecto a lo real.
Lo que ahora esté ocurriendo en, por ejemplo Egipto será
percibido como una noticia de estado, y no como un fenómeno,
siendo así el espacio requerido por la memoria, mucho menor al

imaginable. “En Egipto una mujer muere”. Esta noticia de estado
se transforma en meta-realidad, ya que mi mente recrea el
concepto de mujer, de muerte, de Egipto, etcétera, con una
cantidad de energía psíquica casi nula ya que además de usar
vectores sin carga emotiva, la mente crea la escena, en el caso de
parecer de alguna importancia, a su gusto. Lo no-consciente no es
real. Lo no-consciente se recrea en la mente como hipótesis de
previos sucesos causas de lo fenoménico. Lo fenoménico es lo
real.
La realidad nos complace hasta un punto límite de lo que
consideramos posible. Cuando algo imposible ocurre, pasa al
terreno de lo posible, cuando se repite es nombrado y asimilado.
Cuando lo aparentemente irreal excede lo previsto ya sea de un
modo complaciente o insatisfactorio, se presenta la locura, que
como ya se ha dicho, es un paso previo al despertar del alma,
aunque como es por todos conocido es condición necesaria pero
no suficiente para dicho estado. Se puede caer en la locura para
siempre. Llámese a este proceso iterativo loop del sin retorno.
Este sin retorno es una reiteración de procesos mentales
viciados de bugs cognoscitivos. Un bug cognoscitivo es una
herramienta o un recurso mental deficientemente desarrollado o
implantado maliciosamente por el sistema. Según la teoría de la
Gestalt, “el todo es más que la suma de las partes”. Muchas veces
las iteraciones psicopáticas están basadas en percepciones de las
partes de lo fenoménico como más importantes que el conjunto de
percepciones e incluso más importantes que la mente misma. La
conjetura de los morfemas conscientes es un ejemplo ya citado.
Hay quienes se fanatizan con los números, pero no lo hacen
metódicamente. Su propósito es correcto, su imagen de logro
también, pero carecen de las herramientas necesarias. Sin un
apropiado “debug program”, se puede caer en el loop sin retorno
antes mencionado. El proceso de salida de un loop es llamado
temple del sistema. La mayoría de las veces el temple del sistema
se logra estabilizando el aparato emocional. Por ejemplo, si una
persona ve fantasmas puede ser catalogada de esquizofrénica,
según el paradigma medico psiquiátrico. En otro ámbito puede ser
catalogada de médium. Todo depende de la reacción emotiva ante
el estímulo fantasma. En el qué es un fantasma. No me parece

más extraño el percibir un fantasma, que el mirar la televisión. La
diferencia es que en mi universo la televisión es algo normal. Es
de consenso social.
En conclusión: según mi paradigma de lo real, lo noconsiente
existe solo cuando se da la acción llamada noticia de
estado. Solo entonces la mente lo transforma en meta-real
mediante los vectores percibidos como fenómeno, la noticia no es
real, los vectores son un concepto, una herramienta. Lo noconsciente
no ocupa lugar. El Mundo no “corre” (en tanto que
programa) todo el tiempo. Lo real ocupa poca memoria.
Tomemos como ejemplo la siguiente anécdota.
Hace unos minutos, como descanso de la escritura de este
libro, me puse a jugar a un viejo juego de computadora de ocho
bits. Este tipo de juegos de Arcade, a pesar de la poca memoria
que ocupan en el disco rígido son muy difíciles de jugar, y en la
época de furor de los Arcades, quienes lograban vencer a la
máquina se convertían en celebridades, tal era la dificultad de
estos juegos. Lo que quiero rescatar de esta experiencia es como,
una simulación de inteligencia, en tanto capaz de tomar
decisiones dentro de un universo virtual, es capaz de vencer
fácilmente a un ser humano, supuestamente dotado de estrategias
más avanzadas de pensamiento. Este es un punto clave para el
éxito en nuestra experiencia como operadores de lo real. No
importa tanto nuestra inteligencia sino las reglas de nuestro
universo, y si logramos asimilar y sintetizar esas reglas, luego
podrán ser rotas y reemplazadas por otras y en una última
instancia de iluminación, por el despertar del alma. Recordemos
que lo no-consciente no existe en tanto que realidad fenoménica,
sino solo como una mera noticia, y cuando no llega ni siquiera a
eso, no existe en absoluto, y es tratado por la mente como simples
vectores descriptivos de un paradigma y no como una realidad.
Aprender a discriminar entre los fenómenos y las noticias es una
de las condiciones fundamentales para alcanzar el despertar del
alma y no sobrecargar la mente de conjeturas, que en definitiva
describen algo inexistente.


Alejandro G. Vera